Insólito, inesperado, decepcionante, frustrante son solo algunos de los calificativos que mejor le caben al desplome, en la primera ronda, de la representación dominicana en el clásico mundial de beisbol. Sin dudas una gran vergüenza nacional, un papelazo.
Predecir que el equipo dominicano caería vencido, no una sino dos veces, ante el combinado holandés, es como vaticinar los 2 cuadrangulares con las bases llenas en una misma entrada de Fernando Tatis el 23 de abril de 1999 (box score). O, tal vez, pensar en la selección de futbol dominicana derrotando a su homologa holandés en un mundial en 2 partidos consecutivos.
Ahora vendrán las excusas. Algunas validas, en cierta medida, como la caída de la ofensiva, la mala dirección, o el exceso de confianza (entiéndase ego) de nuestros jugadores.
No obstante, justificar estas derrotas es prácticamente imposible. ¿Como esperar este resultado del país con la mayor representación de extranjeros en las grandes ligas? Un país donde el beisbol es rey.
Solo deseamos que esta amarga derrota sirva de experiencia para motivar a nuestros peloteros (a los que les importa su patria) a prepararse mejor para un evento como el clásico mundial de beisbol. Fue notoria la falta de condiciones que exhibían algunos de los jugadores en el terreno de juego.
No vale la pena hablar de los desertores, los que dieron la espalda a la nación sin razón justificada. Ese grupo colocó la patria en un segundo plano, por lo cual es muy probable que no les importe ni interese en lo mas mínimo el desempeño del equipo quisqueyano en el clásico mundial de beisbol 2009.